Diálogo en un baño


Entré al baño con un amigo. Teníamos cuarenta minutos libres antes de volver a trabajar. Nos pusimos a hablar en español y un tipo que se bamboleaba suavemente de un lado a otro mientras hacía fuerza para abrir los ojos, delante de un mingitorio, con un sombrero de cowboy y un traje de ski entero, nos gritó desde el fondo.


—¡Ey! ¿En qué idioma están hablando?

—…

—¡Les pregunté en qué idioma están hablando! —Nos gritó

—En español —Le respondí de pésimo humor.

—¿Les puedo pedir por favor que hablen en inglés?

—¿Por qué?

—Porque parecía que estaban discutiendo. Y si yo no entiendo lo que dicen y llega a haber un problema no los voy a poder ayudar.


Nos fuimos a lavar las manos y volvió a la carga


—¡Ey! ¿Ustedes se lavan las manos antes o después de mear?

—Después ¿Por?

—Está mal

—¿Por qué está mal?

—Porque nunca sabés dónde estuvieron tus manos pero siempre sabés dónde estuvo tu pija.


Ya lo conocía al chiste pero me causó gracia escucharlo en la versión americana. Me reí y lo saludé.


—Santiago. Encantado.

—Joe.

—¿De donde eres?

—De Argentina

—¿Donde es eso? ¿África?

—No, sudamérica

—Ah, tu acento parece escocés

—¿En serio?

—Si. ¿Que haces aqui?

—Les enseño a esquiar a los niños en una escuela en la montaña.

—¡Ah! ¿Y sabes esquiar?

—No, para nada.


Se rió. Abrió su campera, sacó una petaca y se puso a tomar. Olía a Whisky. Nos ofreció pero le dijimos que estábamos bien.


—Yo fui campeón de boxeo

—¿En serio?

—Sí. En el 60 y en el 64. El mejor cross de derecha de todo el sur de los estados unidos —Dijo y tiró una mano al aire. —Veinte victorias y cinco derrotas, sólo una por K.O.

—Una carrera corta

—Empecé con problemas de conducta, de bebida y me obligaron a retirarme. El boxeo es una carnicería por eso tiene que parecer profesional. Sino sería una simple carnicería.

—¿Y te gustaba?

—Al principio los disfrutaba. Después los golpes del ring se trasladaron a mi casa. Y todo podía volar por los aires en segundos.