Racismo en Sicilia


Adama era negro, de Mali, hablaba francés como idioma materno y había aprendido italiano en la escuela para refugiados. Había entrado al restaurante hacía ocho meses. Siempre estaba contento. ⁣

Mientras trabajaba hacía chistes a los que estaban del otro lado del servicio como los mozos y los cocineros. ⁣

El tipo se tomaba ciertas libertades como llegar un poco más tarde a la mañana porque tenía la capacidad de adelantar el trabajo del día y eso no estaba muy bien visto en el equipo, porque no pagaban por objetivos cumplidos sino por hora sufrida. ⁣

En Sicilia nunca vi un mozo africano. En general trabajan lavando platos o limpiando. ⁣

—Adama, ¿En qué viniste a Italia? Santiago vino en avión, pero vos viniste en barco.⁣

Le decían los cocineros en chiste comparando la migración desde Argentina con la suya desde África.⁣ ⁣

—Adama, vení que te cojo/follo —Y lo manoseaban entre los cocineros y uno venía de atrás y le apoyaba la pija/polla en el culo y hacía como que se lo cogía/follaba⁣

Y toda la cocina reía. Los chicos se divertían y Adama también reía. ¿Qué otra cosa podía hacer?⁣

Un día el chef estaba de muy mal humor. Nadie sabía qué le había pasado, aparentemente estaba atravesando un divorcio. Adama llegó tarde, como siempre. El chef le empezó a gritar delante de toda la cocina. Que siempre llegaba tarde, que eran las 11.30 y estaba todo sucio. Mientras tiraba violentamente las bateas de plástico sobre la bacha. Adama no contestó. Se sacó el delantal y se fue. El chef se quedó mudo. No se puede hacer un turno sin bachero. La rebelión de una pieza irremplazable pero poco valorada. Los platos se iban acumulando. El direttore intervino pero Adama no atendía el teléfono. A las 13hs después de una serie de gestiones apareció. Por un par de horas la cocina tomó real conciencia de la importancia de Adama. Pero de vuelta en su puesto sus compañeros sabían que sus días estaban contados. ⁣

El chico que lo reemplazó era de Nigeria. Bajito. No hacía chistes. Estaba doce horas en silencio. Abstraído. Sin sonreír. Era el empleado perfecto. Seguramente todavía siga conservando su trabajo.⁣