#Metoo de postguerra


Estuve en el pacífico peleando durante dos años a bordo del USS The Sullivans. Meses antes de terminar la guerra me enviaron de vuelta a mi casa. Llegué en Julio de 1945. Ese día por pura casualidad estaba en el Radio City Music Hall viendo a las Rockettes con mi cita, Rita, cuando una turba comenzó a golpear las puertas del teatro, las luces se encendieron y una voz gritó:


—¡Los japoneses se han rendido, la guerra ha terminado!


Nos metimos en el Childs Restaurant para festejar. El barman puso los vasos en hilera sobre la barra, los llenaba de whisky y la gente se abalanzaba sobre ellos. Tomé todo lo que pude y salí a la calle de la mano con Rita. Fuimos hasta el Times Square, había un millón de personas ahí.

En esa marcha despareja y desordenada de personas vi a una chica vestida de enfermera. Todos los recuerdos de la guerra se me vinieron encima en un desborde emocional. Los muertos, las bombas, los aviones destrozados y la paciente e imparable voluntad de las enfermeras por salvarnos la vida en condiciones que nunca eran las ideales. La tomé de la cintura y la besé. Los curiosos nos miraban y aplaudían. Seguí caminando y ella siguió caminando.


Mi cita, Rita, me miraba incrédula. La tomé de la mano y seguimos caminando juntos entre la multitud gritando y bailando. Nos metimos en otro bar a seguir tomando. La euforia tapaba todo. Rita estaba contenta. Pero no muy convencida de lo que había hecho. Pero no me juzgó en ese momento. Me quedaban un par de días de licencia antes de volver a Newport, Rhode Island. Así que al otro día, sobrio y feliz. La pasé a buscar por su departamento, fuimos a comer a un diner en la Quinta Avenida y ahí mismo le propuse casamiento. Vivimos felices desde ese momento.


Si se fijan bien la que está detrás de mí en la foto es mi esposa, que ríe. Fue un momento de euforia. Años después nos reunimos con Greta, la mujer de la foto, en un homenaje por el aniversario de la revista Life. Y nos reímos juntos. Fueron momentos muy buenos. Vi que pintaron con grafitis #Metoo en la estatua que recuerda ese momento. No sé qué habrán querido decir. Sólo éramos jóvenes festejando un momento muy importante de nuestra historia.


Por supuesto que no le pregunté si quería ser besada. Fue espontáneo. Fíjese qué curioso. Yo la quise besar porque estaba vestida de enfermera pero en realidad ella no estuvo en el frente, simplemente salía del consultorio dental donde trabajaba como asistente. Todo fue una gran confusión ¿no? Qué curiosa es la historia.