Trabajar en Ragusa Parte 1


Eramos dos argentinos que vivíamos en un monoambiente en la ciudad de Ragusa. Daniel era un pibe fenómeno pero estaba profundamente deprimido y no se podía levantar de la cama. En Argentina jugaba en la primera del club Ciudad de Buenos Aires pero acá se la pasaba tirado como Onetti, analizando jugadas de Karpov en Youtube.


—Loco, no podemos vivir más así. No hay yerba, no hay pan, no hay nada para comer mañana. Me voy a buscar laburo aunque no tenga papeles ¿Sabés por qué? ¡Porque el mundo es de los que se animan! —Le grité

Me levanté del colchón con esfuerzo y me puse una camisa blanca que relucía en el contexto deprimente de la casa como una carcajada en un velorio. El primer día que llegamos tuvimos que limpiar a fondo el departamento. La puerta que da al balcón estaba abierta y las palomas habían cagado sobre las sábanas y el piso de la cocina. La ducha calentaba a veces, así que la mayoría del tiempo nos teníamos que bañar con agua fría, en Marzo.


Diseñé un currículum en Canva con cinco experiencias de trabajo en restaurantes argentinos inventados. Les puse nombres italianos como “La Traviata” “L'aida” e “Il Fratelli”. Lo descargué en mi pendrive y salí para el locutorio del centro, los imprimí y me fui para Ibla, la parte turística de Ragusa.


Pasé por la puerta del Restaurant más caro de Ragusa, “Sole D´Italia” y recordé una escena en el taller de mi tío en Pergamino. Él estaba arreglando el motor de una motosierra que le faltaba una pieza original, dudaba si reemplazarla o no por una de segunda marca porque podía quemarse todo. Fumaba, miraba y pensaba. Después de un rato dejó el cigarrillo en el cenicero de porcelana Marlboro y dijo:


—La historia es de los que se animan


Enchufó la máquina y el motor largó un chispazo que quemó todo.



Pero entré igual y vi a unos tipos de 1,80m de alto vestidos de traje, engominados, uno tenía los bigotes con dos rulos como en el siglo XIX. Los saludé y le dejé el currículum al direttore del espacio, es decir, el encargado de manejar el personal en un Restaurant. En un sillón a la derecha estaba sentado un gordo con una filipina blanca que comenzó a leer mi presentación personal y se quedó pensativo.


—Joya —pensé.


Salí, caminé veinte metros y escuché:


—¡Santiago! ¡Vieni!.


Me di vuelta y lo vi al gordo que me llamaba con la mano.


—¿Vos sos bueno para el trabajo?

—Sí, por supuesto

—¿Y tenés todos los papeles en regla?

—Obvio

—Me hace falta un mozo

—¿Para trabajar acá? —Me imaginé vestido de traje con moño y me dio risa

—No, en otro que también es mío. Llevale esto y decile que te haga una entrevista —Y me dio un menú con la dirección y lo firmó con su lapicera.

—Disculpe, pero ¿usted quién es?

—Deciles que te manda Sultano.



Bajé por la Via Duomo hasta "La Sicilia", el otro restaurante de categoría de la ciudad de Ragusa. Más humilde que "Sole D´Italia" pero con panadería propia y con una estrella Michelin. Entré agrandado. Pedí hablar con el encargado y le dije


—Me manda Fulano —Y le mostré el papel que me había dado con su firma. Su cara se transformó. Agarró el menú con la firma del Chef y lo comenzó a mover en su mano ansiosa sin saber bien qué hacer con él.


—Pasá por acá —Me indicó una mesa para que me siente —¿Querés tomar algo?

—Agua por favor —contesté sonriente. Le pidió al mozo que me traiga una botella y se sentó enfrente de mí


—Vos ya habías venido aquí a dejarme un currículum, ¿no?

—Sí, la semana pasada. Pero como no me llamaron fui al otro Restaurant.—Mentí como para darme importancia.

—Ah, ok. Bueno. Esteh… yo no sabía que te mandaba Fulano. Si te parece bien te hago unas preguntas.

—Me parece bien

—¿Tenés experiencia?

—La que está ahí descripta en el currículum. Tengo más experiencia en la parte de gestión de eventos.

—Sí, eso está bueno, pero acá necesitamos un runner.

—Ok —Adivinando que no tenía ni idea de lo que estaba hablando me aclaró —Un runner es el que lleva la comida desde la cocina a la mesa. Si todo está bien vas a empezar con ese trabajo y después podés empezar a tomar las comandas.

—¡Perfecto! —Me entusiasmé.

—¿Inglés hablás?

—Sí, mejor que italiano

—Perfecto. Entonces te va a llamar Marcella, la manager, en esta semana para coordinar otra entrevista y si todo está bien, comenzás a trabajar.